No creo que mucha gente me lleve la contraria si alabo los cuentos infantiles como las fuentes de sabiduría popular que son. Los cuentos enseñan a los niños a enfrentarse al mundo con el que se encontrarán de mayores, y así las caperucitas rojas saben que han de tener cuidado con los macarrillas del barrio, mientras que las familias, de cerditos o no, han de asegurarse de que el mafioso de turno les vende una sólida casa de ladrillos y no un pisito con aluminosis.
, que viene a matizar la necesidad de trabajar duro que nos intentaban inculcar los tres cerditos antes citados. Recordemos que el zapatero era un tipo pobre, con apenas cuero para un par de botas, que recibe el encargo de su vida. De todas formas, el tipo se lo toma con calma y cuando cae la noche se retira a dormir: las ocho (o nueve, o diez) preceptivas horas de sueño son más importantes que el trabajo. El zapatero sabe cuáles son sus prioridades. Y por esa escala de valores tan bien formada en la que lo primero es lo primero y se trabaja para vivir y no se vive para trabajar, unos duendecillos acaban durante la noche la tarea dejada a medias el día anterior.
En definitiva, este cuento es una necesaria loa al descanso, al beauty sleep, a consultar los problemas con la almohada, a dejar para mañana lo que puedas hacer mañana, a darse cuenta de que el trabajo es un medio y no un fin, y que no hay que hacer horas extra ni aunque el mismo rey te pida un par de zapatos. En todo caso, que se encarguen los duendes, que yo me voy al cine o a echar la siesta y las botas viejas de su majestad bien pueden aguantar otro par de días.
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Jaime, eres una cigarra.
Como dijo Napoleón a Josefina cuando la encontró con el oficial de guardia... ay no, que pone cigarra
Aunque sumaría un pequeño matiz; desgraciadamente hay muy pocos que puedan sentirse realizados por el trabajo que desempeña, por lo que éste solo es un medio de subsistencia. No creo que nadie trabaje por "amor al arte" y si hace horas extras y demás suele ser por dos motivos: porque es el único modo de llegar a fin de mes y pagar facturas o bien porque aspira a subir de peldaños en la empresa (y lamento advertirle que o bien eso no pasará o bien la subida al final no le compensará). A los primeros, solidaridad; a los segundos, más trabajo, por favor, y que se ganen el sueldo si es que consideran que no trabajan lo suficiente para cobrar esa nómina.
De todos modos, me gustaría pedir a los jefes -si es que a alguno le da por leer en estos lares- que sean muy conscientes que debe haber una relación directa entre sueldo y trabajo a desempeñar. Así que no estaría mal que lo pensaran dos veces cuando hablan de horas extras, plazos de entrega, responsabilidades, blablabla.
En fin, gracias por permitirme descansar ahora con un par de grados menos de frustración.
Desde luego, si fuera millonario, tendría sitios mejores donde realizarme que en el trabajo.
Si aprendieramos a discriminar cuales son nuestras verdaderas necesidades, y cuales son las que nos inventamos gracias al bombardeo consumista al que estamos sometidos, seguro nos alcanzarìa el tiempo y el ánimo para dormir las 8, o 9 o 10 horas necesarias...
Pero claro, si para el zapatero fuera imprescindible el móvil con pantalla color, la conexión de Internet de alta velocidad, la tele satelital, la camisa de Tommy Hilfiger o el perfume de Armani, otro sería el cuento, y calculo que los duendes se hubieran cagado en él.
Que los duendes son duendes pero no comen vidrio!
Es de todos conocido. La Bella y la Bestia (y La sirenita) invita a la zoofilia, La bella durmiente a la necrofilia, en "El genio de la Lámpara" se invita a hacer lo que quieras si tienes medios para ello, en la cenicienta se enseña que la máxima aspiración de la plebe es casarse con un prícipe (luego salen Letizias)...una mala influencia educativa.
Pero La Caperucita Roja te enseña a no meterte en la cama con cualquiera; los tres cerditos, que en caso de que venga el lobo, te puedes aprovechar del buen trabajo de los demás; Hansel y Gretel, que no te puedes fiar ni de tu padre y que la obesidad es un problema de salud tan grave que puede dar con tus huesos en la olla; el flautista de Hamelin, que hay que pagar a los músicos, y el patito feo, que la adolescencia es un periodo duro lleno de granos y ortodoncia del que uno acaba saliendo triunfante.
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