Jaime, 2 de enero de 2004 10:40:24 CET
¡Independencia!
No me gustaría que nadie pensara que hago bromas con el independentismo, esa opción política por la que Aznar está haciendo tanto bien, pero el caso es que siempre he pensado que Sants, mi barrio, debería ser un estado independiente, enlazando así con su pasado de municipio libre, anexionado pacífica pero colonialmente hace poco más de cien años por la opresora ciudad de Barcelona.
Alguno me dirá que es absurdo pensar que un barrio pueda constituir una nación, y estará en lo cierto, pero es que yo no me refiero sólo al barrio, sino a todo
el distrito de Sants-Montjuïc. Se trata del mayor aunque no el más poblado distrito de Barcelona, y cumple con casi todos los requisitos para ser un país libre y próspero.
Para empezar, y además de su ya mencionada historia como pueblo independiente, el barrio posee un amplio tejido comercial, formado sobre todo por las tiendas de la Carretera de Sants. Estas tiendas se anunciaban en la radio como el área comercial al aire libre más grande de Europa, cosa que igual supone un exceso de optimismo, pero que, en todo caso, nos coloca en la vanguardia del sector terciario.
En el terreno industrial, Sants también tendría el suficiente potencial económico, gracias a las fábricas de la Zona Franca y al puerto de Barcelona. Las comunicaciones con el extranjero que proporciona el puerto se verían además reforzadas con la estación de tren de Sants, la más importante de la ciudad y futura parada del Ave. Bueno, cuando llegue el Ave, que imagino que llegará una década de estas, con paso lento y casi seguro.
Las salidas al extranjero también podrían realizarse cómodamente por coche, gracias a la Ronda del Mig y a la autovía de Castelldefels, donde, eso sí, habría que instalar algún tipo de aduana y control de inmigración. El paso de frontera a pie también debería regularse.
Sants es también uno de los distritos más activos social y culturalmente. Es el que posee mayor número de asociaciones, cosa meritoria, teniendo en cuenta que en Cataluña la gente se asocia hasta para sacar al perro a pasear. Asimismo, contamos con el Palacio Balañá, el cine (ahora multicine) más antiguo de los que siguen en pie en Barcelona, y con el nuevo Teatre Lliure, situado cerca de la histórica avenida del Paralelo y a los pies de Montjuïc, que es nuestro (enfisémico) pulmón, coronado por un parque de atracciones que nunca recuerdo si ya ha cerrado del todo por última vez o si aún hay que apagar las máquinas que lo mantienen con vida artificialmente.
En esta montaña, eso sí, tenemos la
Fundació Miró y el
MNAC, que debería cambiar de nombre y pasar a ser el Museu Nacional d'Art de Sants.
En Montjuïc también se encuentran el estadio olímpico y el Palau Sant Jordi, donde nuestras selecciones nacionales nos regalarían, sin duda, impagables momentos de gloria. Ahora no recuerdo a ningún deportista famoso que sea compatriota nuestro, pero alguno habrá, digo yo, aunque se hayan ido todos a vivir a Pedralbes.
Por último, hay que recordar que Esquerra Republicana de Catalunya nació en este distrito en 1931, así que no sería de extrañar que entre nuestros ciudadanos se impusieran estos deseos de disfrutar de la libertad y de la independencia, que traerían consigo mayor bienestar y prosperidad para nuestro país, incluidas las zonas menos afortunadas. Visca Sants Lliure! Y ya de paso, bon any!
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Me viene a la memoria el recuerdo de un compañero de básica que una vez que le acompañamos a su casa nos dijo al entrar: "¡pagad peaje, acabáis de entrar en la Florida de Antonio!". Es que a algunas personas les pone la capacidad de ejercer plena soberanía sobre un territorio, y de tener un ejército y un diario oficial y un avión presidencial y un montón de señoras haciendo cola para darte un beso en los morros donde quiera que vayas.
La verdad es que tu idea de
ciudad libre no me parece tan y tan disparatada. Ni mucho menos. El cantonalismo es una forma de organización política. Fue un movimiento político que durante la primera república era partidario de un federalismo de carácter radical. Se establecían una serie de ciudades independientes que se federarían libremente. Recuerda a las polis griegas. El cantonalismo tuvo gran influencia del movimiento obrero, sobre todo anarquista. Loja, Sevilla, Málaga, Cádiz, Tarifa y, sobre todo, Cartagena llegaron a ser cantones, que resistieron hasta que en 1874 el señorito Martínez Campos y Pavía los aplastó.
A veces me pregunto si en verdad las ideas que tensaban el debate político en aquella época han variado tanto como para esperar en la actualidad acontecimientos históricos muy distintos. Quizá sean diferentes pero las contradicciones y los conflictos de este Estado llamado España parecen ser los mismos.
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