Jaime, 16 de julio de 2009 12:31:24 CEST
La caperucita coja
De aquella atolondrada huida de la que le salvó el aguerrido y (no lo olvidemos) armado cazador, le quedó de secuela una cojera. Porque el cazador disparó varias veces y no todos los cartuchos acertaron en el fiero animal.
Por supuesto, la caperucita no le echó nada en cara a su salvador: había que actuar deprisa y en todo caso mejor coja que muerta. Al contrario: lamentó que sus ideas poco realistas y la sociedad liberticida en la que se oprimían sus derechos le hubieran impedido ir armada ella misma y acabar antes con la amenaza del lobo, sin poner en peligro a nadie más.
Recordemos por tanto la importante lección de este cuento: la inocencia izquierdoide está muy bien para pasear por el bosque, si en el bosque sólo hubiera florecillas y maripositas. Pero el bosque está lleno de lobos y ante los lobos lo único que se puede hacer es disparar. Las armas salvan vidas. Quien con lobos se acuesta, perdigoneado se levanta.
Y justamente cada noche cuando se acuesta y cierra los ojos, la caperucita imagina que aquel día llevaba una pistola en el cesto y disparaba al lobo en cuanto se abalanzaba sobre él. Un disparo en el hocico que le hubiera reventado la cara a aquel bicho y le hubiera salvado a ella la vida y la pierna.
comenta
Salvaje. La violencia solo engendra violencia. Seguro que Caperucita es de gatillo facil. Un dia vas a preguntarle la hora y te pega un tiro en el vientre por violador. Que peligro!
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Vaya una moraleja tan blandengue, lo que deberían hacer es prenderle fuego al bosque quemando a los lobos dentro, también habría que minar el perímetro para que no saliera ninguno vivo.
De todas formas, ¿qué carajo hace una inocente niña paseando sola? Las niñas deberían estar en casa aprendiendo de sus madres y abuelas.