Jaime, dic 19, 2005, 11:57
Contra Malthus
A veces me da la impresión de que la gente se preocupa por tonterías. Como lo de la superpoblación. Que no cabremos en la Tierra. Que nos resbalaremos por los bordes. Que no habrá vacas que nos den tanta carne.
Nada, nada, miedos de vieja.
Para evitar los peligros del exceso de población basta con construir un enorme vagón de metro. Tiene que ser realmente grande. Como Italia, lo menos. Y luego se deja flotando en medio del Pacífico.
Y es que en un vagón de metro no sólo cabe muchísima gente, sino que además todos los que están fuera quieren entrar, con independencia de la cantidad de gente que ya esté apretujada en su interior. Será dejar el vagón por ahí tirado y ver cómo las multitudes se arremolinan alrededor de las puertas, esperando que se abran.
Además, con el metro pasa algo parecido a lo que ocurre con el dentífrico. Siempre queda suficiente pasta de dientes para un último cepillado. Y en un vagón de metro siempre hay sitio para un contorsionista más. Venga, venga, pasen hacia adentro, que por ahí está vacío. Y usted no me toque, que me está gustando y me conozco. Soy yo o aquí huele raro. Cielos, aquí huele raro
y soy yo.
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La imagen me recuerda a cuando insisto en introducir en el contenedor de reciclaje una caja tres veces más grande que la boca de entrada. Empujo, empujo, deformo la estructura del contenedor y entra. Por mis c...
Has tenido una mala mañana ¿eh?
De camino al trabajo se me ha ocurrido la misma teoría, pero con una zanja.
No, una mala mañana, no.
Un mal lustro.
La culpa es mía: a las seis de la mañana el metro va vacío, tendría que adaptarme y llegar un par de horas antes al trabajo.
Luis, prueba a meter el contenedor en la caja.
...y luego pon un cartel en la caja:
"Reciclado de contendores"
Se canjea caja con premio sorpresa por premio sorpresa de la puerta número 3. Posible venta por 3.000 euros y nos olvidamos de la caja.
Pues ahora en Madrid(con las putas obritas de los cojones) te puede pasar lo que a mí el otro día,que cambiaron la dirección del vagón y luego la volvieron a cambiar. O sea, que mi amiga y yo nos vimos atrapadas en una especie de bucle espacio-temporal de ida y vuelta entre Lago y Príncipe Pío, para rechifla de los que curraban allí, que yo creo que lo hacían aposta pa degüevarse.
O sea, que menos coñas porque estos temas del metro y del mundo y eso son pero que muy serios.
Y luego nos metieron en un autobús y nos abandonaron en el Alto Extremadura.
Con el frío que debe de hacer ahí.
Ah, yo estoy en contra de la pena de muerte, pero si me dejaran...