Jaime, 3 de enero de 2005 9:42:48 CET
¡Se sienten, recórcholis!
Me parecería demasiado cruel escribir sobre las cenas de Navidad organizadas por la empresa. Es más, creo que es más agradable darse un martillazo en el dedo gordo del pie que acudir a una o hablar sobre ellas.
Pero sí que comentaré una curiosa manía de estas cenas y otras similares que consiste en decirle a cada uno donde se tiene que sentar, como si se tratase con niños pequeños. La excusa que se suele aducir es que así se conoce a gente de otros departamentos e incluso de otros pisos. No sirve para nada explicar que uno ya conoce a la gente de otros departamentos que le interesa. No sirve porque en seguida se añade que siempre queda gente que uno no trata y que también le podría caer de maravilla.
Y digo yo, puestos a cenar con desconocidos que podrían llegar a ser nuestros mejores amigos con independencia de que yo al menos ya tengo amigos, ¿por qué limitarlo a la empresa de cada uno? ¿Por qué no hacer intercambios entre las empresas? Al fin y al cabo, hay gente de otras compañías que uno no conoce de nada y que podrían llegar a ser, no sé, nuestra esposa. Además, de estas cenas podrían surgir magníficas posibilidades de negocio.
-¡Rubio!
-Diga, amo.
-Este año le toca ir a la cena de Tutiplén, S.A. No haga como el año pasado, que estos señores comercializan unos magníficos cepillos para cejas que podríamos vender en nuestras tiendas.
-Señor, sí, señor.
-Nada de vomitarle a nadie encima.
-Señor, no, señor.
-Ni de desnudarse.
-Señor, no, señor.
-Ni de hacerle proposiciones indecentes a ninguna camarera.
-Señor, no, señor.
-Ni a ningún camarero.
-Señor, no, señor.
-Ni a ambos a la vez.
Es más, ya puestos, creo que se podría aprovechar la experiencia de la administración pública en el tema de la lotería y sortear a nivel nacional dónde y con quién celebra cada cual la cena de empresa. Así, a principios de diciembre nos llegaría una carta en la que se diría algo así como: "Señor Rubio, queda usted invitado por la Subsecretaría de Estado de Comuniones, Bodas y Bautizos a la Cena Nacional de Empresas, que en su caso se celebrará en el Hotel Palmeras de Valladolid. Rogamos confirme asistencia o envíe justificante médico".
Quizás sea lo mejor porque, evidentemente, ninguno de nosotros ha tenido jamás el criterio suficiente como para saber junto a quién quiere sentarse.
 
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comenta     
on 3/01/05 16:20, juyma dijo:
Señor Rubio
Cuantas veces se acaba como el Señor Rubio, delante de los jefes. ¿Lo haran a drede esto de las cenas para saber todavía más de ti? Para pillarte con las defensas bajas.
  
on 4/01/05 19:55, trapa dijo:
Hace ya varios años que opté por evitar todo lo que signifique cena navideña de empresa. Tengo varias excusas preparadas, aunque lo cierto es que desde el primer año ni siquiera preguntan si me apunto, así que eso que me ahorro. La verdad, me parece un espectáculo lamentable ese de tener que alternar con tu jefe -que durante todo el año te da por saco siempre que puede per que esa noche está especialmente chistoso- y eso por no hablar de algunos compañeros petardos, trepas de carrera y demás fauna laboral. Puffff. Me salen granos solo de pensarlo. Invito a todos a hacer lo propio y a ver si acabamos de una vez con ese buen rollito que solo dura lo que dura la noche en cuestión.

Por cierto, feliz tránsito de año!
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