Jaime, 12 de febrero de 2012 9:45:21 CET
Carta de amor. Modelo estándar
(Publicada en
Smoda, El País Digital)
(Instrucciones de uso: añada el nombre de su amada y borre las opciones que no considere adecuadas).
Mi amadísima NOMBRE,
Desde que
a) iniciamos nuestro apasionado romance,
b) nos presentó tu amiga la psicópata,
c) te comencé a seguir en el metro,
d) me agregaste en Facebook,
no dejo de pensar en ti. En tus dientes blancos como
a) perlas,
b) la nieve,
c) tratados por un profesional de la ortodoncia,
d) el interior de una chimenea
en tu cuerpo
a) de diosa romana.
b) con un número poco habitual de extremidades.
c) de plástico, porque en realidad eres un maniquí sin cabeza.
d) perfecto, claro que no estás gorda. Que no, te digo. No. Que no. No, ni un poco. Bueno, en fin, si comparamos con cuando nos conocimos, igual sí que has ganado un poco de... ¿Qué haces con eses jarrón?
Eres
a) lo que siempre he soñado.
b) lo primero que encontré.
c) la única que no grita, llora y corre en dirección contraria a mí cuando me ve.
d) tauro y yo soy cáncer, lo cual nos da unas esperanzas razonablemente positivas.
Nuestro destino estaba escrito en las estrellas desde
a) el origen de los tiempos.
b) ayer a las cuatro y media.
Aún recuerdo nuestra primera cita
a) aquella cena en mi casa, a la luz de las velas, para ahorrar, que acabó en un primero desconcertante, luego trágico y finalmente cómico incendio.
b) chateando por Skype.
d) en el metro: yo caminaba justo detrás de ti y hacía ver que iba contigo, mientras tú te dirigías como cada mañana al trabajo, sin sospechar que yo existía.
e) tú eras mi abogada de oficio y yo insistía en que aquella gallina se había venido conmigo libremente.
Todavía se me humedecen los ojos por la felicidad cada vez que suena nuestra canción,
a) Enter Sandman, de Metallica,
b) Enter Sandman, de Metallica, versionada por Pitingo,
c) La vida es una tómbola, de Marisol,
d) L'amour tojours, de Gigi d'Agostino,
que bailamos abrazados, lentamente, esa primera noche. Quiero que cada noche sea como aquella
a) (exceptuando lo del incendio, ¿cuántas veces tendré que disculparme?)
b) (de acuerdo, sin mi madre).
c) (sí, vale, sin proponer un simpa y largarme corriendo sin darte tiempo a reaccionar).
d) (aunque ¿pueden venir mis amigos? Es que los dos solos es muy aburrido).
Se suele decir que cuando dos personas se aman, ya no son dos personas, son una. Pero yo quiero que tú crezcas junto a mí, quiero respetarte y que nuestra unión te haga más libre, por eso
a) me quedaré en casa cuidando de las plantas mientras tú trabajas.
b) no diré nada acerca de esos señores con los que me cruzo en la escalera y que me llaman por mi nombre de pila entre risitas, a pesar de que yo no les conozco de nada.
c) te dejaré salir de vez en cuando de la cocina JAJAJAJAJA... ¿Qué? ¡Es una broma! Qué poco sentido del humor.
d) En serio, que no estás gorda.
Porque tú y yo somos uno, pero también somos
a) dos personas.
b) tres pers... Un momento, ¿quién es este señor? No, ni buenos días ni nada. ¿Qué hace usted aquí y dónde están sus pantalones?
c) una persona y un robot que acabará desarrollando sentimientos humanos.
d) una persona y un maniquí robado
Sueño con que envejezcamos juntos,
a) aunque es verdad que hay planes mejores, como ir a cenar, pero bueno, esto es algo que se dice.
b) de hecho, te traigo unas cremitas porque, vaya, no quería comentarlo, pero...
c) porque así habremos acabado de pagar la hipoteca y tendremos unos añitos para nosotros antes de morir.
d) a pesar de que el médico no es tan optimista respecto a mis opciones de futuro.
Daría cualquier cosa por ti, sí, lo que fuera; mi vida, en caso necesario,
a) pero no mis DVD de The Wire.
b) pero no mis DVD de Mad Men.
c) pero no mis DVD de Breaking Bad.
d) y no pienso borrar el porno.
Sigo buscándote defectos, sigo intentando acostumbrarte a ti, a tu rostro, a tu mirada que me atraviesa el alma, a tu risa cristalina,
a) a tus gritos.
b) a esa costumbre de obligarme ver todas las películas que estrena Jennifer Anniston.
c) al hecho de que no tengas cabeza, porque eres un maniquí de los modernos.
d) a tu hermano, el que se bebe mi vino, incluso de mi copa.
Hagamos realidad nuestro sueño,
a) casémonos (el uno con el otro, aclaro para evitar el divertido incidente de la última vez que te propuse lo mismo).
b) ponme un piso y deja que cuide de las plantas mientras tú vas a trabajar y a realizarte como mujer.
c) montemos un bar.
d) ataquemos el Congreso a lomos de una vaca. ¿Qué pasa? Eso es lo que soñé anoche.
Te querré, oh NOMBRE,
a) toda la vida.
b) toda la noche, pero no me quedo a dormir, porque tengo una reunión a primera hora.
c) hasta que me dejes por ese compañero de trabajo que dices que sólo es un amigo y con el que mantienes largas conversaciones por whatsapp. A veces en el baño.
d) hasta que... ¿Por qué paras ese taxi? ¿Por qué te subes a ese taxi? ¿Por qué cierras la puerta? ¿Qué le indicas al conductor? ¿Dónde vas...? No lo entiendo... No había terminado.
Jaime, 11 de febrero de 2012 8:33:44 CET
Mi misión voluntaria en Gibraltar
(Publicado en
Diagonal)
Cuando España ganó la Guerra de la Isla Perejil en 2002, muchos dimos por supuesto que Gran Bretaña se rendiría a la evidencia de nuestra superioridad física y moral y, acongojada por la posibilidad de acabar humillada como Marruecos, nos devolvería Gibraltar, cediéndonos además el Ulster durante un par de siglos para compensar la afrenta sufrida desde 1714.
Sorprendentemente, no fue así. Me pasé 67 días con la boca abierta (:^O) , estupefacto y patidifuso a partes iguales. Aún me duele la mandíbula. Un poco. Pero finalmente el Gobierno de España ha decidido solucionar este asunto. El nuevo ministro de Asuntos Exteriores, José Manuel García-Margallo, va saludando a políticos ingleses con un siempre contundente “Gibraltar español” y califica la situación del peñón de “broma”.
Teniendo en cuenta el agresivo rumbo que ha tomado el asunto en manos de este joven ministro de 67 años, el histórico insulto podría terminar en cuestión de semanas, por lo que hace unos días decidí bajar a Gibraltar y darles la buena noticia a esos andaluces que a pesar de lo que diga la prensa controlada por la Pérfida Albión, arden en deseos de volver a ser españoles. O, mejor dicho, de seguir siéndolo porque nunca dejaron de serlo.
Crucé la verja, por supuesto de incógnito. Para pasar desapercibido, me disfracé de inglés, con un monóculo y una pipa. El efecto se perdió parcialmente cuando mostré a las autoridades mi DNI español, aunque al dar los buenos días puse mi mejor acento británico. El guardia civil me preguntó si me encontraba bien. Le dije que sí, pero que al ser inglés, mi constitución no era tan robusta como la de un español.
Me dirigí al primer lugareño al que vi y le comuniqué que el ministro Margallo estaba preparando la operación de liberación del peñón. Le pedí que por favor difundiera discretamente esta información entre sus amigos. Me contestó algo que no acabé de entender, debido al curioso acento que tienen en la zona. Insistí. Volvió a contestarme con palabras ininteligibles. Intenté hacerme entender por gestos. Me imitó. Saqué mi bloc y mi estilográfica y le dibujé un rápido esquema.
Me robó el bocadillo, aprovechando que había dejado abierta mi mochila. Salió corriendo y aunque reaccioné a tiempo, se escapó trepando a unos árboles y desapareció entre la maleza cercana. Entonces caí en la cuenta de que llevaba 20 minutos gritándole a uno de los famosos monos de Gibraltar.
Margallo debe tener en cuenta la presencia de estos taimados animales antes de comenzar con la invasión. Podrían dejar sin víveres a nuestros soldados. Esos monos son además una muestra de las horribles políticas que están llevando a cabo los británicos contra los pobres gibraltareños, que han de vivir entre fieras salvajes, en lugar de disfrutar de los beneficios de la civilización, como el zoo.
Perdí el resto del día buscando (sin éxito) el monóculo, que se me había caído al correr tras el mono, así que no pude completar de modo satisfactorio mi misión. Eso sí, dejé unos cuantos Post-it repartidos por el camino informando de la próxima recuperación de Gibraltar y otros más añadiendo un siempre educado “de nada”.
Jaime, 2 de enero de 2012 19:40:26 CET
La venganza es un plato que se sirve gélido
A: Volvemos a encontrarnos.
B: ¿Cómo?
A: Que volvemos a encontrarnos.
B: ¿Quién es usted?
A: ¿Cómo que quién soy? ¿No se acuerda de mí?
B: No. Espere que abra. Es que por la mirilla no se le ve bien.
A: ¿Ahora sí?
B: Tampoco.
A: ¿Pero cómo puede haber olvidado lo que pasó?
B: ¿Pero qué pasó?
A: 17 de Octubre. 1962. Usted conducía un Seat 1500 y cambió de carril sin poner el intermitente. Tuve que dar un frenazo brusco y a mi mujer le dio UN SUSTO DE MUERTE.
B: Sigo sin acordarme.
A: Yo fui el que se asomó por la ventanilla del coche, puño alzado, prometiendo VENGANZA.
B: Pues no caigo.
A: Grité que no sabía dónde vivía, pero sí dónde NO vivía. Y que iría descartando casas hasta que solo quedara una residencia en todo el mundo donde encontrarle.
B: ¿Gritó todo eso? Igual no me dio tiempo a oírle.
A: Me ha costado casi cincuenta años, yendo piso por piso, cada día al salir del trabajo, pero finalmente, LE HE ENCONTRADO.
B: ¿Pero tan grave fue el susto?
A: Por culpa de aquel incidente, PERDIMOS A NUESTRO HIJO. Y yo a ratos HABLO EN MAYÚSCULAS.
B: ¿Su mujer estaba embarazada?
A: No. Nuestro hijo ya tenía siete años. Pero del susto olvidamos dónde lo habíamos guardado.
B: Pues tengo que reconocer que igual sí que era yo, porque por aquella época tenía un Seat 1500.
A: ¿Negro?
B: Jamás me fijé en el color. No soy racista. Solo me importaba su motor.
A: Er... Volviendo al tema, ¿qué tiene que decir acerca de su actitud?
B: Que lo lamento mucho, caballero.
A: Eso es lo que quería oír.
B: Y que tendré más cuidado con los intermitentes a partir de ahora.
A: Eso espero. No me gustaría oír que va asustando a más señoras.
B: En realidad, no sé si volveré a conducir algún día, ya que perdí los brazos hace casi ocho años.
A: Vaya... ¿En un accidente?
B: No, en un autobús. Soy muy despistado. Supongo que por eso no puse los intermitentes. Aunque ahora me costaría aún más JAJAJA... Por cierto, ya que está aquí, le importaría rascarme a la altura de los riñones.
A: ¿Aquí?
B: Más abajo.
A: ¿Aquí?
B: Un poco más a la derecha.
A: ¿Aquí?
B: Un poquito más a la derecha.
A: ¿Aquí?
B: Ahora un poco más a la izquierda.
A: ¿Aquí?
B: Oh, sí... Oh, gracias... Oh, qué bien. Ya está, ya está. Llevaba siete años y medio con ese picor insoportable.
A: Bueno, pues si no necesita nada más, yo ya voy tirando.
B: ¿Tiene más venganzas pendientes?
A: No, hombre, no. NO SOY UN TIPO RENCOROSO.
Chimpún
Jaime, 26 de diciembre de 2011 18:21:25 CET
Auditoría
A: Buenos días. Soy su auditor. Venía a comentarle un par de asuntillos.
B: ¿Mi qué?
A: Verá, a lo largo del mes pasado se le vio varios días consecutivos por la estación de Sants explicando que le faltaba un euro con cincuenta para comprar un billete a Mataró. Lo que nos extraña es que entre la documentación que nos envió, no nos consta ningún billete de tren. ¿Olvidó adjuntarlo, acaso?
B: No, yo... Es que eso se dice porque... Bueno...
A: Ya, mire, no puede hacer eso. Usted puede creer que es muy listo pidiendo dinero para un tren que no va a coger, pero como comprenderá, esa práctica entra dentro de la competencia desleal. Entienda que hay gente que realmente necesita dinero para volver a Mataró o a Sabadell o a dónde sea, y por su culpa es posible que haya personas, clientes potenciales, que desconfíen.
B: No lo hacía con mala...
A: No se trata de si hay mala o buena intención: el caso es que usted se ha reído de un montón de gente que creía que le estaba ayudando a volver a casa cuando se ha quedado por el barrio y por tanto no necesitaba ese dinero.
B: Sí que nec...
A: Además, entiendo que una vez reunió ese euro con cincuenta, siguió pidiendo.
B: Sí, pero...
A: No, si pide un euro con cincuenta, tiene que pedir un máximo de un euro con cincuenta. Comprenda que lo contrario supone publicidad engañosa.
B: Ah...
A: El siguiente tema que quería comentarle es que al parecer en los últimos tres meses, siete señoras le dieron un total de seis euros con ochenta céntimos, especificando claramente que no querían que se lo gastara en vino.
B: Sí, puede ser...
A: Bien, pues por lo que vemos, al menos gran parte de esa cantidad de dinero se ha usado para comprar vino. ¿Me lo puede explicar? ¿Se trata de un error en el asiento contable, tal vez?
B: Es posible que...
A: Tampoco puede hacer eso. Comprenderá que estas señoras ahora se sienten estafadas por el hecho de que usted haya usado su dinero para un fin específicamente prohibido. De hecho, dos de ellas le dijeron expresamente que comprara leche. Y creo que no ha tomado mucha leche últimamente.
B: No mucha...
A: Pues esto es algo que tampoco puede hacer. Solo puede destinar el dinero a los fines concretados por el cliente o, como mucho, a los no prohibidos expresamente. Y esto ya debería saberlo.
B: Pues...
A: Por último, en alguna ocasión usted ha explicado que tiene dos hijos a los que no puede dar de comer.
B: Bueno...
A: Pero no tiene hijos, ¿verdad?
B: Es que...
A: Sí, lo sé. Está en sus libros.
B: ¿Libros?
A: Aquí: los días en los que ha hablado de sus hijos inexistentes ha recogido una media de siete euros con doce céntimos más. De nuevo, esta conducta profesional no está permitida. Piense que la gente le ha dado ese dinero pensando en unos niños muertos de hambre y no en usted, con todos mis respetos.
B: Yo solo...
A: En fin, veo que no puede justificar todas estas irregularidades, así que tendremos que hacerlas constar en nuestro informe. La próxima auditoría es dentro de seis meses, así que le recomiendo que cese en estas prácticas y que coja al menos algún tren a Mataró, y así podríamos justificar estos viajes, aunque sea con retraso y no en su totalidad.
B: Bueno, pero...
A: Ah, y otra cosa: procure no dormir en los cajeros. ¿No ve que por culpa de gente como usted ahora los bancos cierran los cajeros interiores por la noche y los clientes se ven obligados a sacar dinero en la calle? Piense por ejemplo en los días de lluvia y en cómo esta gente se ve obligada a sujetar el paraguas con el cuello, como si fuera un teléfono, mientras saca la tarjeta de crédito de la cartera. ¿Sabe lo incómodo y molesto que resulta? Por no hablar de cuando no hay más remedio que entrar y sacar dinero con uno de ustedes ahí delante, mirando, haciendo que todo el mundo se sienta incómodo.
B: Bueno yo...
A: Pues eso sería todo. Firme aquí, por favor. Aquí también. Y aquí. Gracias, seguimos en contacto.
B: Sí...
Jaime, 10 de diciembre de 2011 13:01:41 CET
Exigencias del guión. Pantalones. Incluye JUEGO DE PALABRAS, pero ya al final
No tengo ningún problema con desnudarme si lo exige el guión. El problema es que a veces entiendo mal lo que se espera de mí y esto lleva a cómicas y simpáticas situaciones. El otro día por ejemplo, subí al autobús y, creyendo que lo exigía el guión, me bajé los pantalones.
Jaja, fue divertidísimo.
Gritos, un frenazo brusco, varios golpes, caída al suelo, patadas, llegó la policía, me llevaron a comisaría, más patadas, firma de una declaración en la que admití que me resistí y cuatro noches en el calabozo hasta que el abogado de oficio se presentó, más patadas y finalmente pude salir a la calle. Donde entendí mal un comentario que no iba dirigido hacia mí de una persona que en realidad no estaba allí y me volví a bajar los pantalones, tras lo que oí unos gritos, sentí varios golpes y perdí el conocimiento.
Desperté en el hospital. De hecho, me despertaron los puñetazos que me estaban propinando unos señores y señoras que identifiqué con doctores, doctoras, enfermeras y celadores. Al rato me acostumbré y pude seguir durmiendo.
Soñé que estaba jugando a béisbol. Y de repente todo el equipo paraba de jugar y comenzaba a golpearme con los bates. Eso sí, bien coordinados, primero uno y luego el otro, sin molestarse, alternándose con un ritmo envidiable. Les felicitaba, escupiendo sangre y dientes, por el gran trabajo que habían hecho para acabar tan compenetrados, y sonreía, confiando en que finalmente ese año podríamos ganar el campeonato.
Es curioso cómo funciona el cerebro. Uno sueña por ejemplo que llega tarde al trabajo y se despierta y se da cuenta de que ha apagado el despertador medio dormido y por eso el cerebro le está avisando, de una forma un tanto retorcida, de que sí, de que está llegando tarde.
Algo parecido me pasó a mí. Soñaba con ese equipo de béisbol, cuando yo no he jugado en mi vida a ese deporte (ni a ningún otro) y cuando desperté me di cuenta de que mi padre me estaba golpeando la cara con un bate de béisbol mientras mi madre empujaba la silla de ruedas, camino ya de la calle porque me habían dado el alta.
Por desgracia y un poco de mala suerte, los golpes de bate en la cara hicieron que aquella alta no tuviera mucho sentido, ya que era evidente que necesitaba volver al hospital, así que una vez en el taxi nos dirigimos a otro centro. Otro, claro, porque volver al mismo hubiera sido abusar de la hospitalidad de aquellos señores.
Mis padres me arrojaron del taxi en marcha más o menos a la altura de la entrada de urgencias, donde fueron a buscarme dos enfermeros con muletas, que usaron para seguir golpeándome.
Cuando se cansaron y se fueron, comencé a arrastrarme por la calle, en dirección más o menos a mi casa. Por suerte, me encontré a un conocido que me ayudó a levantarme y a encontrar mi ojo izquierdo.
--Jolín, ¿qué ha pasado? --Preguntó.
--No veas qué semana más dura. QUÉ PALIZÓN. ¿Eh? ¿Lo pillas? ¿Eh? Es bueno, ¿eh? Qué palizón. ¿Lo pillas? ¿Eh? Es bueno, ¿eh? Palizón por la paliza y como si fuera que estoy cansado de trabajar o algo así. ¿Lo pillas? Es bueno, ¿eh? ¿Eh? ¿Eh? Te guiñaría un ojo, pero lo tengo en el bolsillo.
No lo acabó de pillar, porque no sabía el resto de la historia. Pero amablemente me subió a un taxi y me acompañó a unos grandes almacenes. Subimos a la planta de deportes, donde estuvo probando varios palos de golf, comparando pesos, longitudes y materiales, hasta que dio con un hierro 7 perfecto con el que me rompió la mandíbula.