miércoles, 7. marzo 2012
Jaime, 7 de marzo de 2012, 17:18:36 CET

Pagar multas es de pobres


El ayuntamiento de Valladolid ha impulsado unas medidas que podrían llevar a que la ciudad pasara a conocerse en el resto de España como Vaya, Dolid.

(Toses. Silencio incómodo. Mira al público, esperando alguna reacción. Sonrisa nerviosa. Más toses. Rictus de rabia. Margaritas a los cerdos. Sosos de mierda. Qué sabrán ellos. Se recompone. Se seca el sudor de la frente. Continúa).

El caso es que el municipio ha aprobado multar a los mendigos con una sanción que podría llegar a los 1.500 euros, multa exagerada ya que muchas veces te pones a pedir a primera hora de la mañana, te dan las seis de la tarde y no tienes ni 1.300.

La medida ha sido muy criticada por los amantes de lo políticamente correcto, pero no han sido pocos quienes hábilmente han recordado a los bien pensantes que los pobres en realidad van a trabajar en Mercedes y rellenan los cartones de vino con Vega Sicilia.

Como todo el mundo sabe.

Y es que al dormir en la calle se ahorran un dineral en las hipotecas y alquileres que nosotros los trabajadores tenemos que pagarnos con el sudor de la frente de nuestros abnegados compañeros de trabajo, que nos cubren mientras actualizamos el blog y explicamos LA VERDAD. Ese dinero que se ahorran impunemente les sirve para llevar una vida de lujo y vicio a costa de nuestra buena voluntad y mala conciencia.

Los mendigos disfrutan de muchas ventajas: por ejemplo, no tienen que perder el tiempo con duchas y afeitados, ya que un pedigüeño que oliera a jabón y perfume se arruinaría; tampoco necesitan madrugar, ya que pueden dormir en su propio espacio de trabajo; pueden vestir informales y no están sometidos al yugo del traje y la corbata; no declaran el IVA a pesar de ser autónomos, y además no tienen jefe y cuando lo tienen, es porque forman parte de una mafia, lo cual ayuda a ligar.

-No quiero impresionarte, ni nada, pero soy miembro de una mafia. -Oh, cuéntame más. -Sí, mira, nos dividimos las líneas del metro y nos repartimos las ganancias. -Cielos, ¡HAZME TUYA!

Las sanciones son por tanto necesarias, ya que intentan disuadir a estos competidores desleales que disponen de unas ventajas injustas frente a quienes intentamos hacer las cosas bien.

Es más, 1.500 euros me parece poco. Habría que prohibir ser pobre bajo pena de excomunión y destierro, para acabar así con esta lacra.

Por poner un ejemplo que me toca de cerca (lo tengo aquí alrededor), Barcelona debería aprender de Valladolid, ya que sólo multa (y con poco más de 400 euros) a quienes duermen en la calle, medida acomplejada que no llega al fondo de la cuestión: ¿por qué no raptar a los mendigos mientras duermen y sacarles los órganos que a otras personas les podrían ser de más utilidad?

Esto de la mendicidad se tiene que terminar de una vez por todas. Porque, digo yo, ¿qué pasaría si todos decidiéramos convertirnos en millonarios por la vía fácil de salir a la calle con ropa mal cuidada y PEDIR DINERO? ¿Acaso no seríamos todos ricos si nos hiciéramos pobres?

Pero no lo hacemos. Renunciamos a todos esos millones que obtendríamos al ir pidiendo en el metro alegremente. Por ética. Por convencimiento de que las cosas no funcionan así. Porque somos conscientes de que alguien tiene que trabajar. Y ahora, también, porque la multa es importante y en caso de no pagarla, a uno le podrían embargar el carrito del supermercado lleno de bolsas de plástico, zapatos viejos, periódicos y botellas vacías.


 
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