jueves, 23. diciembre 2010
Jaime, 23 de diciembre de 2010, 17:33:41 CET

Entrevista


A: Buenos días. B: Buenos días. A: Venía por lo de la oferta. B: Ah sí, pase, pase. Estos limones son fresquísimos y sanísimos. Muerda, muerda... Y sólo un euro el quilo. A: No, quiero decir que venía por la entrevista. B: Ah, disculpe. Siéntese por favor. A: No puedo, no tengo culo. B: Vaya, lo siento. A: No, no se preocupe. B: ¿Lo perdió en un accidente? A: No, qué va. Nunca tuve. Mis padres eran humildes trabajadores y no les llegaba para todo. Tampoco pudieron pagarme la oreja izquierda. B: Vaya hombre. Pues recuéstese de lado en el triclinium. A: Gracias. Ay, qué cómodo. B: ¿Verdad? Es que esta empresa está pendiente de que sus empleados estén a gusto, tengan culo o no. Mire, yo tengo culo y me han dado un cojín. A: Qué bien. A mí los cojines no me acaban de... B: Ya me imagino. Al no tener culo. Empecemos con la entrevista, si le parece bien. Soy una persona ocupada. ¡Mire! ¡El sudoku está a medio hacer! A ver... Horizontal, cuatro letras, capital de Italia. A: Hum. ¿Ha usado el nueve? B: Sí, está aquí. A: Entonces es un tres. B: Oh, gracias. Pero pasemos a la entrevista. En su último disco se notan las influencias del blues más americano. ¿Por qué este giro desde sus anteriores trabajos? A: ¿Cómo? B: Vaya, un sordo sin culo. En su último disco se notan las... A: Pero que yo no soy músico. B: ¿No? A: No. B: Disculpe. Qué tontería. No sé dónde tengo la cabeza. A: Ahora que lo menciona, a mí me ha extrañado verla encima de esos papeles. B: Oh, vaya. Ahora mejor. Sobre los hombros y tal. A: Sí, desde luego. Está un poco torcida, por eso. B: Ya, es que me di un golpe de niño. Pero al menos me va bien para leer en diagonal. En fin. No es músico. Qué despiste el mío. ¿Hasta qué punto su última novela es autobiográfica? A: No, oiga, que tampoco soy escritor. B: ¿No? A: No. Venía por la entrevista de trabajo. B: ¿Entrevista de trabajo? Espere, que le imprimo mi currículum y lo comentamos. Estaba buscando un nuevo empleo porque... A: No, no. Soy yo el que viene a buscar trabajo. Usted me entrevista a mí. Vengo por la oferta que aparecía en Infojobs. B: Boh. Pues es la entrevista más aburrida de las que podía hacerle. ¿No prefiere que hablemos de su nuevo libro? ¿No? ¿En serio? ¿No? ¿No? ¿Seguro? Bueno, pues nada. ¿Y para qué puesto era? A: Jefe de Cosas. B: Ah, es un buen puesto. El sueldo está muy bien: dos cuencos de sopa al día. Uno de ellos se lo puede llevar a casa en tupper. El tupper lo pone usted. A: Bien. B: Tendría derecho a autobús de empresa. El billete lo paga usted. El horario es bueno: hay que estar aquí cuando salga el sol y salir cuando los barres bajen las persianas. El ambiente de trabajo es excepcional: los compañeros son todos muy buena gente. Eso sí, están todos en Rumanía. A: ¿Y cuáles serían mis funciones? B: Pues el jefe de cosas básicamente recibe instrucciones de dirección y luego las grita a sus subalternos, que harán caso omiso de sus órdenes. Claro, están en Rumanía y por muy fuerte que grite, no le oirán. A: ¿Por qué no se usa el teléfono? B: ¿El teléfono? ¿No será usted el clásico listillo que llega y pone en duda los procedimientos que llevan décadas aplicándose con éxito? A: Pero es que no funciona. Si no me van a oír... B: ¿Ah no? ¿No funciona? Y entonces explíqueme cómo es posible que la empresa no quebrara hasta hace dos años. A: ¿Ha quebrado? B: No haga preguntas estúpidas. Que si ha quebrado... ¿No ve la grieta que atraviesa el despacho de pared a pared? Eso sí, es una quiebra estructural. Del edificio. No financiera. ¡Me está haciendo perder el tiempo! ¿Le interesa el puesto o no? A: Buf. Ahora me da pereza. B: ¿Y eso? A: No sé. Casi prefiero hablar de mi disco. B: ¿Lo ve? Si ya se lo decía yo. Pero vayamos a una cafetería a comentarlo, que la grieta se está abriendo aún más y creo que el edificio va a derrumbarse. A: Igual no deberíamos usar el ascensor. B: ¿Qué ascensor? A: Yo he subido en ascensor. B: ¿Hay ascensor? Qué cosas. Nunca te acostarás sin saber una cosa más. Y menos mal, porque llevaba tres semanas despierto con la tontería. Lo peor es que me equivoqué y en vez de unas enormes ojeras, se me han puestos unas enormes orejas. Y mire qué negras están. A: Al menos tiene culo. B: Eso sí.


 
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