martes, 21. abril 2009
Jaime, 21 de abril de 2009 12:57:38 CEST

Porque sí


Su obsesión con el cumplimiento de las normas le llevaba a cruzar la calle cada vez que veía un semáforo en verde. Sabía que el verde quería decir que tenía permiso para cruzar y no que estuviera obligado, pero no podía dejar de pensar que si tenía permiso sería por algo. Asimismo, cuando se encontraba un semáforo en rojo no esperaba a que cambiara de color, sino que seguía caminando por la acera hasta que daba con uno en verde.
Y es que las cosas no se hacen porque sí. Las autoridades competentes no son tontas, de ahí que se llamen “competentes”, y si permitían cruzar la calle en determinados momentos era por supuesto pensando en el bien general de la sociedad. Se permitía el paso porque este paso era adecuado. No se obligaba, claro, pero una cosa era la ley y otra la ética. Cada semáforo en verde era por tanto un ruego: haznos las cosas más fáciles, parecían decirle los gobernantes, cruza ahora y por aquí, sigue nuestro plan y todo irá mucho mejor para todos.
Estaba convencido de que actuar de otra forma era un error que iba en perjuicio del bien común. De hecho, cuando estaba con sus amigos y familiares y surgía el tema, no dudaba en defender su práctica: los semáforos están estudiadísimos, los intervalos y sus frecuencias, medidísimas; si una de estas señales se ponía en verde permitiendo el paso, no era porque sí. No. Las cosas no se hacen porque sí. En absoluto. Había causas bien fundadas. Motivos imperiosos. Razones consistentes. Todo con vistas a que los peatones pudieran circular con la mayor fluidez posible.
Y sí, reconocía que a veces perdía el tiempo cruzando a cada semáforo o caminando hasta encontrar uno que le diera vía libre. Pero si todo el mundo lo hiciera, esto llevaría sin duda grandes beneficios a la sociedad. Por ejemplo, los peatones no se pararían en medio de la calle, esperando a cruzar y obstaculizando así a los demás su camino. Y… Er… Hm… Entonces miraba muy serio a sus interlocutores, bebía un trago de lo que estuviera bebiendo y… Er… Hm… En serio, sería… Lo mejor… Porque no se… Hm… Pararían… Las cosas no se hacen… No se hacen… Las cosas no se hacen porque sí, ¿no? No, en absoluto. Y se reafirmaba en sus ideas con cada burla, con cada duda, con cada pregunta fuera de lugar. No, no se hacen porque sí. Y si la gente le hiciera caso, todo iría mucho mejor. Las calles serían ríos de gente, con meandros fluidos y… En fin… Las cosas no se hacen porque sí y punto.


 
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