jueves, 1. junio 2006
Jaime, 1 de junio de 2006 17:09:49 CEST

Negocios


Como todo el mundo sabe, la regulación es excesiva en este país. Los políticos chupasangres e intervencionistas no hacen más que meter la mano en nuestros bolsillos, los bolsillos de empresarios honrados y osados, para robarnos nuestro dinero sin ningún tipo de miramiento y encima esperando que les demos las gracias.
Por ejemplo, recientemente he tenido que paralizar un proyecto que tenía entre manos, por culpa de lo ocurrido con Afinsa y Fórum Filatélico. Los clientes potenciales de mi empresa estaban escamados tras las medidas opresoras llevadas a cabo por los jueces. Si no existieran esas leyes liberticidas, yo también podría haberme hecho rico y no sólo esos enchufados de los sellos.
Por a alguien le interesa, Pantuflo Investments era una inteligente apuesta por las inversiones en los ramos de la numismática y la colombofilia. No descarto ponerla en marcha durante la segunda mitad del año, así que mis lectores pueden ir enviándome esos cien mil euros que les queman en el bolsillo y con los que no saben qué hacer. Yo sí que lo sé: ingresarlos en una cuenta de las islas Caimán.
En todo caso, me comprometo a devolverles el doble en un plazo de treinta años. Palabra.
No es el único negocio que estoy montando. Puedo conseguirle la invalidez y la consiguiente pensión a cualquiera que tenga los dos dedos de frente que bastan para darse cuenta de que trabajar es una pérdida de tiempo. Sólo necesito treinta mil euros. El bate de béisbol lo pongo yo. El esfuerzo lo pone un amigo mío que es muy brutote.
Es importante señalar que la pensión se consigue en un noventa por ciento de los casos y que ninguno de mis clientes ha acabado nunca en la cárcel. Mi amigo, sí. Pero es que a veces se emociona. Pone mucha pasión en su trabajo. Le pone tanta que a veces le cuesta distinguir cuándo un cliente ha llegado a la invalidez total o, directamente, a la muerte.
También tengo otra idea entre manos que es absolutamente genial. Se trata de montar una empresa de colectas. Contrataría a cientos de jóvenes y jóvenas de buen ver que se pasearían por las ciudades españolas y, quién sabe, europeas, con huchitas y pidiendo un donativo. Quizás algún desconfiado pregunte algo así como "¿y para qué es esta colecta?", a lo que mis simpáticos y adiestrados empleados contestarán: "Coño, pues para recoger dinero".
Por supuesto, necesito socios capitalistas. Cualquier persona interesada puede ponerse en contacto conmigo para pedirme los datos bancarios y enviarme la cantidad que consideren apropiada. Para simplificar la estructura empresarial, he pensado en quedarme con todas las acciones e ir pasando a los socios un porcentaje de los beneficios que oscilaría entre el 0 por ciento y el 150 por ciento, a determinar en junta de accionistas por votación (de los accionistas).


 
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