martes, 2. marzo 2004
Jaime, 2 de marzo de 2004 22:32:44 CET

La acondroplasia y los sapos


Chicho Ibáñez Serrador ha decidido retirar del Un, dos, tres a los enanos a los que el Linterna, el alto del Dúo Sacapuntas, hinchaba a collejas cada viernes. Y es que la Fundación ALPE Acondroplasia y el defensor del pueblo consideraban irrespetuoso y humillante el trato que se les daba a estas dos personas.
Hay varias cosas que no veo claras de toda esta polémica. Para empezar, no entiendo por qué el Linterna le dio de tortas durante años a su ya fallecido compañero de fatigas, el Pulga, sin que nadie se quejara. Y eso que el Pulga, sin ser un enano, tampoco tenía la cabeza muy lejos del suelo, que digamos.
Tampoco entiendo por qué ninguna asociación protege a los payasos que se dejan estampar una tarta de nata en el cara, o por qué a nadie le parece vejatorio que algún supuesto humorista se haga pasar por retrasado para hacer reír. O para intentarlo.
Es decir, lo de las collejas me parece un ejemplo más de humor tonto y zafio, pero no sé si es realmente humillante. Al fin y al cabo no estamos hablando de explotación infantil, de una red de prostitución o de torturas a animales. Estamos hablando de un chiste malo, de humor barato. Y lo mismo daría si en vez de ser un enano fuera un tipo con cara de tonto o un gordinflón. Se trata simplemente de numerito que nadie en su sano juicio verá o contratará, pero que no tiene por qué verse denunciado ante los tribunales. Al menos, mientras no se pueda denunciar a Alfonso Ussía por escribir unos artículos que están a la altura de los chistes del concursito en cuestión.
Por último, tampoco entiendo por qué los que no recibimos collejones frente a unas cámaras nos sentimos tan bien tratados y nos ofendemos tanto cuando vemos dos tortas preparadas que no le hacen daño a nadie. Lo digo porque cada mañana al llegar a la oficina nos tragamos tan tranquilos el sapo diario que nos tiene preparado el jefe. Y lo hacemos con toda la dignidad del mundo, sintiéndonos fatal por estos enanitos que reciben cuatro collejas a la semana, pobres, pudiendo trabajar dignamente como yo, que hasta me pagan la vaselina.


 
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