lunes, 2. junio 2003
Jaime, 2 de junio de 2003 0:00:36 CEST

Las primeras decepciones


Tanto las leyes como las asociaciones de consumidores intentan proteger a los niños de la publicidad engañosa. El argumento es que éstos aún no tienen formado el suficiente criterio para distinguir lo que es real de lo que son sólo fuegos artificiales. Se pretende así evitar que crean que las ciudades de Lego se construyen solas, que los aviones de juguete vuelan de verdad o que Barbie canta y baila. Porque luego los Reyes Magos -o quien sea- les traen esos juguetes y, al sacarlos de las cajas, viene el desengaño.
Supongo que estas medidas protectoras son útiles y adecuadas, sobre todo teniendo en cuenta que los niños a menudo ven la tele sin compañía de adultos. Pero veo cierto riesgo. Y es que, si acostumbramos a los niños a una publicidad fiel a la realidad, a lo mejor y ya de mayores, estos chicos creen que el Fairy disuelve la grasa por arte de magia, que las compresas proporcionan una alegría y un bienestar absolutos, que los postres Pascual son tan buenos como los yogures de verdad y que, a fin de cuentas, no se puede lavar más blanco.
Así las cosas, a lo mejor no está de más que los niños aprendan cuanto antes que la pegatina que dice aquello de "anunciado en televisión" no es una garantía, sino más bien todo lo contrario. Aunque sea a costa de alguna decepción.


 
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