martes, 22. octubre 2002
Jaime, 22 de octubre de 2002, 16:10:23 CEST

Ética y clones


Interesante -y preocupante- lo que explica en La Vanguardia Axel Kahn, director del Instituto Cochin de Biomedicina. Según Kahn, la clonación humana con fines reproductivos (y no sólo terapéuticos) será un hecho, por mucho que se intente (y se deba) frenar. "Debemos empezar a preocuparnos ya -avisa- de cómo ayudar a las personas que serán pronto las primeras víctimas de la clonación y al mismo tiempo tratar de impedir que existan más víctimas". El trato de víctimas a los futuros humanos clónicos puede parecer exagerado, pero algo sí que es evidente: el capricho de unos inconscientes puede traer al mundo estos experimentos éticos y genéticos. Los problemas éticos acerca de la conveniencia y de los límites no ya de la clonación, sino también de la manipulación genética, son evidentes y hay que comenzar a tratarlos. ¿Es necesario que una pareja estéril recurra a una copia genética para tener un hijo que ellos puedan considerar "propio"? ¿Se atenta en algún momento contra la dignidad humana? ¿Puede haber problemas de encaje en la sociedad -que no es poco- por parte de estos clonados, una vez tomen conciencia de su naturaleza de fotocopias genéticas? ¿Tienen derecho los padres a decidir la manipulación genética de sus hijos (por ejemplo, para escoger el sexo, el color del pelo o la altura)? ¿Dónde está el límite? ¿En la mera enfermedad? ¿Sólo en enfermedades graves? ¿Podría el hijo llegar a quejarse -incluso demandar- a sus padres por una elección que considere errónea? Los problemas no son fáciles de resolver, ni mucho menos. Más grave es que nadie se ocupe en serio de ellos. La mayoría de los científicos prefieren dejar de lado las cuestiones éticas y centrarse en su mera actividad. Muchos llegan a confundir ateísmo o laicismo con liberación de todos estos planteamientos éticos. En cuanto a los filósofos, apenas Habermas ha publicado un librito más bien tibio, El futuro de la naturaleza humana, en el que casi ni acierta a plantearse con algo de dignidad estos problemas. Más optimista es Kahn (menos mal) con el clonaje terapéutico y el uso de células madre para reconstruir, por ejemplo, órganos dañados. No sólo lo ve como un importante avance, sino que además añade una impecable visión acerca del trato que se ha de dar a los embriones que, explica, no son meramente "cosas": "Merecen un respeto -asegura- en cuanto que forman parte del proyecto de la vida humana". Y es justamente en virtud de este respeto que se les ha de dar "la oportunidad de coadyuvar al proceso de curación de seres humanos", para así "integrarles en la cadena solidaria de la vida". Añade que, de otro modo, estos embriones "desaparecerían sin más". La disyuntiva no es entre dignidad de persona y "cosa", sino, simplemente, entre vida o muerte. La visión de Kahn, pues, me parece incluso cristiana, a pesar de muchos cristianos. Es más, me atrevo asegurar que este punto concreto del debate (qué hacer con los embriones que "sobran" tras las fecundaciones in vitro) quedará aparcado en no mucho tiempo, del mismo modo que ya casi ningún cristiano se plantea qué pasará con los órganos trasplantados el día de la resurrección.
 
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